Criticar el trabajo de los demás

La crítica es algo indispensable pero difícil de asumir. Incluso cuando es correcta profesionalmente puede resultar molesta. En cuanto las miradas ajenas se posen en nuestro trabajo, escucharemos comentarios más o menos satisfactorios. Los peores de todos los constituyen frases como: “Típico, otra cagada más“. Esta es una frase ofensiva y no contiene indicación aprovechable.

Lo práctico que resulte un comentario tiene que ver con la cualificación y los conocimientos de las personas que nos hacen observaciones. Pero, si dejamos a un lado los juicios de mero gusto personal, este aspecto no suele ser el problema. El problema es el tono, el estilo con el que se formula la crítica. La crítica debe motivar a las personas para que encuentren una solución mejor, ese debe ser su sentido prioritario. Todo lo demás resulta contraproducente. Para practicar una crítica fructífera es necesario tener tacto. Hasta los comentarios más inofensivos pueden formularse de forma hiriente y para ello con frecuencia basta con el lenguaje no verbal.

El plano no verbal es mucho más difícil de controlar que el verbal. La más musical, inmaculada y armónica de las frases pueden interpretarse de forma que rechine en los oídos de quien la escucha. Para que la crítica sea motivadora, las dos partes, quien la hace y quien la recibe, deberían atenerse a unas simples normas que son pertinentes tanto para los compañeros de trabajo como para los superiores que critican el trabajo de sus colaboradores. Quien elogia o critica a un “subordinado” no debe olvidar que la sola jerarquía ya confiere más fuerza a sus palabras.

Quien critica el trabajo de los demás ha de tomarse su tiempo. Una crítica lanzada desde la puerta es susceptible de ser mal interpretada. También un comentario sarcástico puede resultar hiriente si su destinatario es alguien particularmente sensible. La crítica no solo es importante, sino imprescindible, pero es esencial que se haga con sensibilidad, por lo que primero hay que crear un contexto adecuado. La crítica es un punto ineludible en el programa de trabajo: debe haber una ronda de críticas metódica.

Por lo general, debería empezarse con las opiniones agradables. Casi siempre mezclamos el elogio y la desaprobación, pero empezar con lo positivo determina la atmósfera del debate posterior. Quien ya desde el primer instante ha de atrincherarse emocionalmente para defenderse de los ataques no será receptivo a las sugerencias que se le brinden para mejorar el trabajo. De ahí que ¡primero lo positivo! En cuanto consigamos una buena atmósfera para la discusión, podremos proseguir con las propuestas de mejora.

Formular comentarios precisos.

Las observaciones y los comentarios tendrían que referirse siempre a detalles concretos y reconocibles, evitando los juicios globales que no contienen ninguna indicación sobre qué dirección tomar. Las generalizaciones siempre son contraproducentes. Y esto es aplicable también a la crítica positiva: ser objeto de una admiración general y ciega puede resultar agradable, pero en realidad no dice nada sobre nuestro trabajo. En cuanto a la crítica negativa esta regla es todavía más importante. No podemos criticar un determinado tipo para texto diciendo que nos parece “simplemente flojo”; los comentarios que resultan útiles tendrán que ver con si, por ejemplo, en determinando contexto puede resultar quizá demasiado pequeño o tener unas características que no encajan con el contenido del mensaje que hay que transmitir. Deberían evitarse afirmaciones generales como: “¡Madre mía, pero si ya no hay nadie que utilice esto!”; este tipo de frases únicamente reproducen un cliché.

Para formular críticas deberían emplearse mensajes en primera persona. Además son necesarias la franqueza y la honestidad, así como cierta distancia personal. Si tienes un mal día y estás de un humor de perros, dilo antes, todos lo agradecerán porque asumirán de otro modo las críticas algo ásperas que puedas hacer. (No es raro que descarguemos nuestras energías negativas, originadas por cualquier otro asunto, en el trabajo de un compañero.)

No obstante, tras alguna crítica poco correcta puede esconderse a veces la envidia hacia el trabajo del otro. Aun si surge este sentimiento, sé franco y dale un carácter amistoso: “Ya podría ser mío este proyecto maravilloso!”. En el momento de evaluar el trabajo de otra persona, distánciate del estado en que te encuentras.